sábado, 25 de marzo de 2017

21, marzo, 2017

Hay una belleza estática del mundo que se torna agónica cuando la observamos, la asimilamos.

La belleza del mundo es una gran tragedia griega (o contemporánea, atemporal…) que sobrepasa todas las épocas y se vuelve `eterna´…,  mientras dura el mundo, o, mientras la percibe el gran universo de nuestra mirada, que también es eterna simplemente por haberla descubierto en un instante glorioso.

Hay una mujer con senos de oro que nos estremece en cada primavera a través de las luces, del vacío, del tiempo sin tiempo, quizá del dolor furtivo transformado en felicidad por un instante, no se sabe cómo.

Hemos hablado de todos los vértigos y todos los miedos seguramente muchas veces, más de las deseables.   El universo es un tránsito de luz hacia otra luz distinta en la que, dormiremos placenteramente.  Yo, no obstante, prefiero esta luz inestable, tempestuosa, dubitativa; sí, ésta que me lleva a ninguna parte, porque no espero nada, sólo el presente; ese miedo del presente que siempre está en confabulación siniestra con el futuro.  Cuando dejamos de pensar en el futuro, ya hemos alcanzado un modesto grado de sabiduría, pero, entonces, tal vez –seguro- ya es tarde.


jueves, 23 de marzo de 2017

23, marzo, 2017

He venido a la bodega a “vaciar el pensamiento”.  Sé que es casi una utopía, pero me quedo mirando el techo (con los ojos cerrados…)  mientras me presiono el cráneo con la mano izquierda, a modo de pinza, algo así como escurriendo o vaciando los pensamientos superfluos, que son casi todos, creo yo. 

Sigo insistiendo, y expulsando, esa presión de los pensamientos que ejercen en la superficie craneal un incierto dolor de cabeza difícil de clasificar.

Debería hacer deporte con más frecuencia, sí, para que esos pensamientos inerciales, ya cronificados, me abandonen de una vez por todas y, en su lugar, me dejen una cabeza ligera, ágil de una “nada” benevolente…, que no tonta o banal.

Ay, la cabeza, qué empacho de ideas entrelazadas, qué densidad de filosofías estériles y agotadoras presionan ese cráneo desnudo y cansado.

Muy cansado.

lunes, 20 de marzo de 2017

<<Cuando tu susurras mi nombre.>>
<<Cuando tu susurras mi nombre.>>
<<Cuando tu susurras mi nombre.>>
<<Cuando tu susurras mi nombre.>>

Así,  en una sobrecogedora aria operística, termina la segunda obra maestra que es la película de <<La juventud>>, después  de la que realizó en 2013: <<LA gran belleza>>, de Paolo Sorrentino.

En esta última, <<La juventud>>,  Fred Walinguer, compositor de renombre internacional, ya octogenario, después de haber sufrido un gran revés  por el suicidio de un amigo cineasta que comparte las vacaciones en el mismo hotel-balneario, decide, por fin, dirigir en persona,  tal y como le había rogado que aceptase en dos ocasiones el emisario de la reina, sus famosas <<Canciones sencillas>> para la Reina de Inglaterra y el Príncipe Felipe en su cumpleaños.


Toda la película, al igual que su anterior <<La gran belleza>>, es una elegía al más puro sentimiento y, sobre todo, alejado de sensiblerías cursis; un homenaje al pensamiento elevado e instintivo, a la vida, a la muerte y, sobre todo, al  amor intenso, que es lo que nos queda al final: el amor puro cuando éste llega –si es que llega…- y, cuando ya se va, cuando ya nos abandona….

sábado, 18 de marzo de 2017

2, febrero, 2016

Había días en que los folios o cuartillas ‘ya estaban escritos”, lo cual casi era  “un problema”  porque no había lugar a réplica o duda.

Había días en los que la temida sordidez  (viniera ésta de donde viniese) se revertía en palabras de colores o hallazgos ingeniosos en los que la pluma, sin saberlo, se regocijaba feliz hasta el día siguiente… o el otro.

Había días que, por decirlo con simplismo extremo, en las calles las faldas eran más cortas, las camisetas exiguas  y los días –quizá- dilatadamente naranjas y plenos.

Había días, tal vez, en los que uno respiraba a pleno pulmón sin darse cuenta, con naturalidad y complacencia, y todas las nieblas interiores retrocedían ante el avance de un sol   de plenitud sin concesiones

Había días… tantos días (tan cercanos todavía) que, sólo de pensarlo, hoy, agotan el pensamiento  tal vez debido a una renovada sordidez anticipada.


jueves, 16 de marzo de 2017

15, noviembre, 2016

He visto, ya después, ese “después”   que nos trivializa o banaliza el tiempo más inmediatamente transcurrido…; he visto un doble arco iris, incluso he creído ver un doble arco iris sin que nadie le prestara la menor atención.  Era igual.  Daba igual.  Un doble o triple arco iris siempre se producirá por algo o para algo…,  y si en apariencia no fuese así, tal vez exista un motivo oculto, por cualquier circunstancia, que no percibimos.

Quiero un doble arco iris, ¿sí?  En realidad me da igual.  Lo único que asusta o, más bien aterra, es que la Vida, sin previo aviso, se suelte de nuestro brazo (¿o nosotros de ella?)  definitivamente y nos deje, confusos, perplejos y dispersos  en mitad de una plaza cualquiera.


Procuro, casi cotidianamente, cogerme al brazo de la Vida, pero no sé si acierto o si voy cogido a ella realmente.





Antigua fábrica en mitad del bosque. Comarca del Priorat, Tarragona

martes, 14 de marzo de 2017

15, febrero, 2017

Alcancemos las extensas orillas
de los días prolongados.
Vayamos al encuentro de las
anchas ensenadas de los cielos.
Naveguemos ya por los ríos inversos
de nubes dilatadas hasta la débil línea del horizonte
por la imperceptible franja de la noche.
Vayamos al encuentro de las horas
sin descanso, en esta muerte cotidiana
que no es muerte, ni luz, ni fuego, ni viento…
sino miedo.
He vaciado por fin (eso creo) la mochila de metáforas,
y en su lugar, cándidamente, o prácticamente, sólo
he dejado los sueños más recientes, que son muy pocos,
o tal vez ninguno.  Sé que llevo la mochila vacía y, no te llevo a ti,
(que no sé quién eres, o que no eres nadie en un universo vacío), ni a nadie.
Ni siquiera llevo –o eso creo- una gran parte de mí.

Así, el vacío, se hace más ligero. (Todavía más.)

domingo, 12 de marzo de 2017

10, febrero, 2017

Tal vez quisiera creer, como decía la poeta argentina Alejandra Pizarnik, que por lo menos (como mucho, o como poco…),  uno, podría llegar a <<morir de poesía>>.  Esto, en rigor, no es una grandilocuencia ni es un dramatismo extemporáneo o aderezadamente lírico, no; esto, sencillamente es una posibilidad digna o equilibradamente gloriosa y, sobre todo,  es posible, muy posible… para cualquiera (que siempre es un consuelo).

Algunos, hemos estado atravesando el mundo con un sentido `visionario´  de traspasar dimensiones precariamente exploradas anteriormente.

Algunos, hemos sabido desde siempre que podíamos trasladarnos a otros mundos con un simple vuelo presentido.  Pero nunca es suficiente.  Jamás es suficiente.  Inconscientemente, e incluso desde la modestia existencial, siempre se aspira a lo absoluto.


Sí, quizá; es posible que cualquiera pueda  `aspirar´ a <<morir de poesía>>. Puede ser uno de los premios con los que la vida podría premiarnos… anticipadamente.